miércoles, 25 de marzo de 2026

NUNCA MÁS ... pero ¿Nunca más qué?

 Hace años que pienso en escribir eso, una idea que anda dando vueltas y no termina de tomar forma. Hoy es 25 de marzo, un día después de la celebración y festejo por una de las fechas más oscuras de la historia argentina.

Hace 52 años, en 1974, entre Perón y López Rega formaron una asociación criminal: la AAA,.que persiguió y asesinó a Montoneros, militantes del ERP y un abanico de esas personas genéricamente definidas como "zurdos",  más unos cuantos que no eran del ERP ni Montoneros y que por lo tanto no le importan a nadia.  Un gobierno legítimo accionando ilegítimamente. Algo menos de dos años después, la Junta Militar derrocó a Isabel y comenzó un proceso más minucioso y global de persecución y represión. Un gobierno ilegitimo accionando ilegítimamente, por su origen pero también por sus acciones.

Aunque parezca increíble hay que volver sobre esto: unos tipos que arrebatan ilegalmente el poder del estado para perseguir, torturar y asesinar, cometen un delito de lesa humanidad que nada puede justificar. Y aquí tomo un camino que me separa de lo que proponen las organizaciones de derechos humanos y toda la grey progre, por un lado, y los inclasificables que nos gobiernan hoy.. 

Para el mundo progre lo que hicieron los militares del proceso fue un crimen porque eran unos tipos de derecha persiguiendo gente de izquierda o algo parecido, mientras que para los de la vereda de enfrente lo que hicieron estuvo bien (aunque no lo digan) porque eran militares de derecha persiguiendo a la izquierda. Es decir que la valoración del hecho depende de quién lo hizo y a quién, y según las simpatías políticas de cada uno podrá ser un genocidio o un servicio a la patria.

Por eso cuando el bando de la izquierda dice "Nunca màs", quieren decir "nunca más un gobierno de derecha que persiga a la gente que piensa como yo", pero sabemos que no estarían incómodos con un gobierno que piense como ellos y reprima o mate a los que no.  Y cuando dicen defender la democracia en realidad estarían pidiendo que ni Videla ni Masssera reencarnen en un militar vivo.

Vamos a dejar de lado la cuestiòn de si las víctimas eran todos subversivos, algo que defienden los dos bandos, cada uno para su beneficio.  Hubo gente como el empresario Branca o como Elena Holmberg que fueron asesinados por quedar enredados en los chanchullos económicos de Massera, sin que hubiera ninguna cuestiòn ideologica de por medio. Pero es un tema para tratar aparte.

Hablemos de números.

Los datos duros, concretos, señalan que los militares asesinaron alrededor de 9.000 personas. Puestos en fila desde la plaza de Congreso, con cada persona ocupando un espacio de 45 centímetros, es una fila que llega a Morón; para la gente de zona sur, digamos hasta Quilmes. Toda gente asesinada por los que arrebataron el poder. ¿Terrible, estremecedor? Bueno, parece que no. Los libertarados pegan sobre el relato de los 30.000, y dicen que fueron SOLAMENTE 9.000. En la vereda de enfrente los otros insisten en que fueron 30.000, aunque no haya datos que lo refrenden, y se obstinan en que todos digamos lo mismo, porque si no aceptamos el número somos cómplices del Proceso.  Vamos a soslayar la trivialidad de que nunca pudo ser un número redondo, como si Videla hubiera dicho "muchachos, maten no más, pero cuando lleguen a 29.999 muertos me avisan, porque nuestro límite es 30.000".

Pero a mí me gustaría preguntar: ¿30.000 qué? Porque si hablamos de víctimas de la represión: a cada uno de los 9.000 asesinados le agregamos tres familiares (que también fueron víctimas) son 27.000, pero si les agregamos los que fueron torturados y liberados, los que tuvieron que emigrar para salvar el pellejo, más sus familiares, amigos, más los que no tuvieron los medios para emigrar y tuvieron que vivir escondidos, bajo nombres falsos, con el corazón en la boca cada vez que pasaba un auto o tocaban el timbre ... ahí sí que sobrepasan los 30.000, por mucho.  Y si nos vamos a poner exigentes, en un país secuestrado por unos criminales en el que no hay derecho, ley ni justicia, más que el capricho de los dictadores: en ese país, potencialmente, víctimas eran todos. Pero bueno, si no decís que fueron 30.000 sos la derecha negacionista y procesista.

La prepotencia de los DDHH

Veamos un poco las actitudes de todos los organismos que dicen defender los derechos humanos.  Personalmente creo que no los defienden del todo bien, porque cuando durante el gobierno de Alberto Fernàndez desapareció Facundo Astudillo Castro, o Florencia Magali Morales apareció ahorcada en una comisaría, todos esos organismos dormían la siesta.  Digamos que ante un hecho que es una violación a los derechos humanos necesitan saber quien gobierna para ver si se indignan o no.

La cuestiòn de la dictadura pasó por las siguientes etapas:

- Lo que hicieron los militares del Proceso es un crimen de lesa humanidad. (¿Quién podría dudarlo?)

- Es imperdonable que Menem haya indultado a los militares. (Obvio, cómo negarlo)

y terminamos con:

- Si no defendés los proyectos y los métodos de los Montoneros y el ERP, sos cómplice del Proceso. (Vàyanse a cagar).

- Si no votás a Cristina estás del lado de Videla (Váyanse a recontramil cagar).

Y queda para otro momento hablar del pobre favor que han hecho esas actitudes a la defensa de los Derechos Humanos.

 




 

miércoles, 16 de agosto de 2023

La caja boba

En los 70 (tanto se habla y se escribe sobre esa época) las pequeñas elites intelectuales que se dejaban la barba y fumaban en pipa emitieron dictámenes feroces sobre la televisión.  Hay incluso una canción de Piero, hoy felizmente olvidada, que ridiculizaba a la televisión y a sus espectadores.

En casa había un televisor de marca desconocida, acaso ensamblado en algún taller clandestino de un aficionado a la electrónica. Diré que era blanco y negro, aclaración acaso innecesaria.  Ese infame aparato era lo mejor que nos podíamos permitir en una casa en la que las únicas entradas eran la magra jubilación de papá y los pocos pesos que podía aportar mamá con algún trabajo de costura.  Tenia este televisor la irritante costumbre de descomponerse con frecuencia bajo las variantes del vertical (pantallas que pasaban a gran velocidad, como subiendo desde el fondo de la pantalla y desapareciendo sobre el borde superior) y el horizontal, cuando la pantalla se llenaba de líneas y rayas diagonales en las que se adivinaba a veces el movimiento de las escenas.  En cuanto a reparaciones, a lo sumo podíamos contar con algún aficionado del barrio que cobraba una módica suma para dejar el televisor en funcionamiento durante unos días.  Recuerdo haber ido a estudiar a la casa de una compañera de la escuela, y descubrir que en la casa tenían nada menos que DOS televisores, de marca Ranser. Sentí que sin darme cuenta, me había colado en la casa de Rockefeller.

En 1975 murió papá y algunos meses más tarde lo siguió el televisor. Sin la jubilación de papá y con la pensión en trámite que demoró muchos meses, no se podía pensar en reparar ni reemplazarlo. Cualquier dinero disponible era para comprar comida y pagar los servicios.  Y de a poco nos fuimos acostumbrando a prescindir del televisor.

En Isidro Casanova había unos galpones de cinc de forma semi cilíndrica que pertenecían a Emaús, la entidad benéfica católica que recibe donaciones de ropa, muebles y otros enseres en desuso, que luego revende para destinar los fondos a ayudas sociales. Había pasado muchas veces ante la entrada, hasta que un día la curiosidad me llevó a entrar para ver lo que había en venta.  Entre otras cosas, me encontré libros usados que costaban apenas unas monedas, y por el precio de un pasaje de colectivo podía volver a casa con cuatro o cinco volúmenes bajo el brazo. Así, me fui apropiando de "la casa de los siete altillos" de Nathaniel Hawthorne, "Día inolvidable" de James Hilton (traducciones ambos), varios clásicos de Quevedo y Cervantes,  y diversas ediciones de Selecciones del Reader's Digest, lo que seguramente hubiera hecho enarcar las cejas de los señores de barba y pipa.  Encontré también una edición económica de "El Proceso" de Kafka, y otras obras acaso menos memorables.

Diré en descargo de "Reader's Digest" que si bien era un revista a la que se podrían criticar muchas cosas, permitía vistazos generales de una gran variedad de temas. Supe allí de la tarea de limpieza de los frescos de la Capilla Sixtina o de los templos de la ciudad de Angkor en Camboya, por ejemplo.  El caso es que esos viejos libros y revistas con olor a humedad fueron reforzando mi amor por la lectura, que nunca me abandonó, y fomentando un desapego por la televisión que también me ha sido fiel todos estos años.  Y hoy puedo pensar que ese viejo televisor, con su muerte, me introdujo en un mundo màgico que hoy todavìa me acompaña.



sábado, 17 de octubre de 2020

Las papas de la conquista

 Ahora que pasó el 12 de octubre y se calmaron todos con el tema de la Conquista, al menos por un año, salgo yo para comentar algunas cosas interesantes sobre este tema.  En realidad no precisamente sobre el proceso de conquista, aunque sí me gustaría tirar unos datos que no sé si son de conocimiento de todos.

Todo el mundo habla de "la conquista española", pero durante el período inicial (Siglo XVI) gobernaba España el emperador Carlos V, o Carlos I de España, que era también soberano de los reinos de Nápoles y Sicilia, Milán, los países Bajos (actuales Bélgica y Holanda) y varios dominios alemanes. Precisamente en estos estados el emperador, católico, libraba una sangrienta y absurda guerra de religión contra los protestantes, que eran apoyados por varios otros soberanos.  Esta guerra se llevó prácticamente todo el oro y la plata saqueados en México y Perú, que viajaban de América directamente a Flandes (Bélgica) sin pasar por España siquiera, para pagar las deudas del emperador con los banqueros que le facilitaban los fondos para proveer a sus ejércitos.

Personalmente creo que el daño que hizo España a América no es tanto por lo que se llevó, como por lo que dejó: 

La idea de que la riqueza es el oro o la plata, y no el trabajo y la producción.

Una sociedad basada en el saqueo y no en el trabajo.

La idea de que la única ocupación digna es un puesto en el Estado.

El principio de que hay una sola manera de pensar, y que se debe perseguir a los disidentes (La Inquisición), que nos ha dejado la idea de que hay un "pensamiento nacional" y que los que no se alinean con este pensamiento son cipayos, vendepatrias y muchas otras cosas horribles.

Todas estas ideas han hecho de Latinomérica una región, hasta hoy, pobre, atrasada y devastada por la ignorancia.

Pero ahora hablemos de otras cosas, que son las que realmente me interesan.

Hace no mucho, alguien comentó en un curso que estoy haciendo por zoom acerca de las plantas que los españoles (otra vez...) se habían llevado de América, llamándolos (creo que en broma) "Ladrones".  La cuestión es que el cambio más extraordinario que produjo el descubrimiento (y digo descubrimiento de América para los europeos, y no me quiero meter en más polémicas) fue precisamente el inofensivo transporte de plantas útiles, sin necesidad de batallas sangrientas, muertes ni esclavitudes.  Así que lo que me interesa es:

LAS PLANTAS AMERICANAS y su impacto mundial. 

Arrancamos ahora con un humildísimo vegetal: LA PAPA.  Se la conoce con este nombre en toda América, aunque los españoles (acá sí) se hicieron lío con la batata que conocieron en el Caribe, y llamaron a nuestro tubérculo "Patata". Pero acá la vamos a llamar PAPA.



Esta planta llego a Europa a mediados o fines del Siglo XVI, pero tardó bastante en ser aceptada. La razones son propias de la época: que no podía ser buena para comer porque no la mencionaba la Biblia, que era comida propia de salvajes, que como crecía bajola tierra podía producir lepra. Otros argumentos, más comprensibles, se basaban en que la planta era casi igual a ciertas especies europeas (que además estaban, es cierto, estrechamente emparentadas) muy venenosas.

La papa fue ganando lentamente aceptación, si bien varios monarcas tuvieron que intervenir para promover su cultivo; pero cuando fue finalmente aceptada, su impacto fue explosivo.  Las razones son varias:

- La cantidad de alimento que se puede obtener de una superficie de terreno cultivada con papa, supera por mucho a la que se puede obtener con cualquier otro cultivo.

- Como la papa provenía de la zonas frías y montañosas de los Andes, se adaptaba a zonas de Europa (Inglaterra, Suecia, Rusia, norte de Alemania, etc) que no eran tan amigables para los cultivos de cereales tradicionales.  Esto se debía a que, con frecuencia, podían darse cuatro o cinco días lluviosos e pleno verano, justo cuando cereales como el trigo estaban listos para cosechar, echando a perder el grano. Esto no era un problema con la papa.

- La comida tradicional en casi toda Europa era el pan; esto exigía la molienda del trigo, la preparación del pan y su cocción en horno, lo que insumía mucha leña, un artículo costoso y difícil de conseguir en una Europa que había hecho desaparecer la mayor parte de sus bosques.  Las papas, por el contrario, se cocinaban rápidamente en una olla, con poco consumo de leña, o bien directamente entre las brasas, en el hogar.  Se convirtió además en un complemento apreciable y muy nutritivo en las sopas, que eran el segundo plato más tradicional en muchos lugares (Francia, por ejemplo).

Así fue entonces que la difusión de la papa terminó para siempre con las hambrunas periódicas que solían asolar a Europa, convirtiendo a este humilde tubérculo en un producto esencial, que figura e la cocina de prácticamente todos los países.

Y, paradojas de la historia: el valor de la cosecha total de papas en todo el mundo, en un año cualquiera, supera varias veces el valor de todo el oro y la plata saqueados en América.  Porque la riqueza está en la producción, en el trabajo, aunque acá sigamos creyendo otra cosa. 


miércoles, 6 de mayo de 2020

Varado pero no derrotado. Papá no me lo hubiera permitido

A estar por lo que me contaba mamá, al poco tiempo de haberse casado, papá cayó con una neumonía ("pulmonía, le decían entonces") que casi se lo lleva pero que lo dejó de este lado, aunque con un pulmón que ya no volvería a cumplir sus funciones.  .

Yo nací cuando papá tenía ya cuarenta y siete años; se jubiló a los cincuenta, para no seguir sometiéndose al riesgo de viajar hasta el trabajo en pleno invierno. Desde entonces, y por varios años, cada vez que llegaba el otoño papá se recluía en una especie de cuarentena de seis meses, hasta que los días templados de octubre lo habilitaban para poder salir al patio a tomar mate. Pero uno no hace lo que quiere sino lo que puede ...

Siempre conocí a papá jubilado. Mala noticia para los que creen el mito de que hace, digamos, medio siglo, los jubilados vivían en una especie de jauja: al contrario, siempre estuvieron en el piso.  Así, después de haberse jubilado para poder cuidar su salud en invierno, papá tuvo que salir a buscar changas para arrimar un peso más. Varios años fue sereno en una fábrica, en turnos rotativos, y tenía que salir a trabajar a la madrugada, con unas heladas que rompían los dedos, o con lluvia y viento.  Mamá, por su parte, además de atender la casa hacía trabajo de modista.  Alguna vez me despertaba a las dos de la mañana, la luz del comedor seguía encendida y mamá le daba a la aguja o a la máquina de coser, con un vestido de novia o de primera comunión.

En aquellos tiempos comprábamos rigurosamente con libreta en el almacén, la carnicería o verdulería. Mirábamos de reojo a los que pagaban al contado, sacando unos billetes del monedero o la billetera, como si fueran verdaderos potentados.

Hubo varios meses en un año (¿1966?) durante los cuales los jubilados directamente no cobraron su jubilación.  Tengo grabada de manera imborrable la imagen de mamá con su costura, a las siete de la tarde, en la radio el noticiero de Radio Mitre, que se anunciaba con una marcha que todavía me parece estar escuchando , esperando ansiosamente el anuncio de que ese mes, sí, los jubilados cobrarían. Yo hacía los deberes o dibujaba sobre la mesa donde trabajaba mamá - no había que hacer ruido, papá estaba durmiendo porque ese día le tocaba como sereno el turno de la noche.

No voy a seguir desgranando historias tristes, pero a medida que pasaban los años y la salud de papá estaba cada vez peor, ensayábamos recursos para tratar de sobrellevar las penurias económicas.  Papá compró una máquina para hacer bolsitas de polietileno que yo vendía en panaderías, verdulerías o carnicerías de la zona.

Mi tránsito por el secundario fue difícil, y repetí cuarto año - en el año en el que la salud de papá se desbarrancaba definitivamente.  Pero durante mi secundario papá no se rindió, trabajaba en un taller donde se helaba en invierno, todo para arrimar un peso y que yo no tuviera que dejara escuela.  Una tía, muy bondadosa ella, le dijo un día: "Bueno, Esteban, usted tiene que que quedarse en casa y cuidarse. Y que Dani vaya a trabajar, estudiar no es para todos, es para los que los padres lo pueden sostener".  Pero papá no cedió porque confiaba en mí y creía en mi capacidad. El 23 de julio de 1975 cumplí 18 años, entrando en la vida adulta. Al día siguiente murió papá.

Paso por alto los seis meses que siguieron a la muerte de papá, hasta que a mamá le llegó su pensión. Sobrevivimos gracias a la ayuda de amigos, familiares y parientes.

Pasaron los años, pasaron los trabajos, hasta que un día, a los 33 años, resolví saldar una cuenta que yo sentía que tenía pendiente conmigo, pero también con papá: ir a la universidad. Elegí una carrera que me pareciera interesante y que a la vez me permitiera mejorar mi situación, una carrera remunerada y con buenas perspectiva; ya bastante pobreza había tenido, y nunca creí en los predicadores de las bondades de ser pobre. Trabajar y estudiar no era sencillo, pero cada vez que desesperaba porque no sabía de donde sacar tiempo para estudiar, o cuando una medianoche  lluviosa de julio tiritaba en la parada de colectivo, en un descampado de la ruta 3, esperando volver a casa, la imagen de papá pasando frío en el taller para que yo pudiera estudiar se me me presentaba de golpe y me daba fuerza.  Y cuando en los últimos años de la carrera la cosa se puso otra vez difícil económicamente, mamá amasaba sus inolvidables pastelitos que yo llevaba puntualmente los fines de semana a algunos vecinos que tampoco olvidaré por la mano que nos dieron: Isabel y sus hermanas, Salvador y otra buena gente de González Catán.

Y empecé a trabajar en la profesión, buenos trabajos, y en 1995 experimenté una especie de revelación: un mes me depositaron el sueldo, y en mi cuenta HABÍA QUEDADO PLATA DEL MES ANTERIOR.  Primera vez en treinta y ocho años.

Y pasaron los años, conocí a Raúl, ser maravilloso que es lo mejor que me ha pasado la vida, alguien que también se levantó de la pobreza con estudio y esfuerzo. Y llegaron los viajes, la casa, los gustos, los amigos y el disfrute de la vida.

Y bueno, aquí estoy ahora. Para muchos, un oligarca-gorila merecidamente varado en Miami. Para mis amigos, mi familia y la gente que me quiere: Dany, nomás.




lunes, 10 de febrero de 2020

El laberinto de los libros

Allá por principios de los 80 hice un descubrimiento sensacional. En Isidro Casanova había unos galpones de la fundación caritativa Emaús, donde vendían muebles y otros objetos usados que recibían como donación, incluyendo libros, lo que me permitía saciar mi gusto por la lectura gastando muy poco.

Uno de los libros que encontré, y que aún recuerdo, se llamaba "Día Inolvidable" y era una novela traducida del inglés, cuyo autor era James Hilton, el autor de otra famosa novela "Goodbye Mr Chips" traducida como "Adiós Mr Chips", que había sido llevada al cine con gran éxito. De hecho, la portada de la novela así lo detallaba, debajo del dibujo que representaba una pequeña ciudad, que es donde transcurre la acción en la década de 1920.

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Me gustó la novela, que anda dando vueltas por Mercado Libre, pero siempre quise leerla en el lenguaje original, hasta que hace poco la encontré y compré - el título en inglés es "So well remembered".

Pasé a retirarla por el local del vendedor, (Henschel) un primer piso en la calle Reconquista casi Lavalle.  Entrar a ese lugar es un poco como entrar a la Biblioteca de Babel de Borges; el olor de libros viejos, la apabullante presencia de miles de obras que encierran historias, poesías, fantasías, pasiones, información ...

Cuando tuve el libro entre mis manos lo abrí y, en la segunda contratapa encontré una dedicatoria:


Escrita indudablemente con pluma y tinta ... ¿Quién sería Bila? ¿Quién habrá sido Andy? Unas letras trazadas hace sesenta y siete años como una huella fantasmal y misteriosa.

En la cara interior de la tapa encontré una etiqueta adhesiva:


Librería Pigmalion, Corrientes 515.  Recordé entonces que hace ya muchos años, calculo que en 1974 o 1975, estaba buscando un texto de inglés: A Practical English Grammar de Thomson y Marthinet, y que pensaba comprar en Mackern's de la calle Sarmiento, pero al pasar, sin saber, frente a Pigmalion se me ocurrió entrar a preguntar y sí, el libro estaba. Me llevé entonces mi texto de gramática con la estampilla correspondiente. Pasaron los años y en alguna ocasión vi el local ya vacío, lo que me produjo una gran tristeza. Mackern's cerró también, no sé si antes o después que Pigmalion.

Y sólo por curiosidad se me ocurrió buscar en Google "Pigmalion Corrientes 515" y entre otras cosas descubrí que era una de las librerías que frecuentaba Borges, y en la que trabajó como empleado Alberto Manguel, escritor, traductor y editor argentino-canadiense que fue director de la Biblioteca Nacional. Quién sabe si no fue él quien me entregó "A Practical English Grammar" hace cuarenta y cinco años ... 



viernes, 20 de septiembre de 2019

Los elefantes del Amazonas

Hasta hace unas semanas todo el mundo estaba muy comprometido con el drama del Amazonas, al menos en Facebook, que es donde todo el mundo se compromete hoy en día.  Estos desastres siempre nos regalan una oportunidad para mostrarnos sensibles hasta que aparezca la próxima noticia catastrófica.

En medio de la conmoción, todos le disparaban con munición gruesa a Bolsonaro que, nobleza obliga, hizo méritos de sobra.  Aunque decir que le pegaban todos es una simplificación, le daba en general la gente de la izquierda y progresistas. Cuando un monstruo de derecha exhumó la noticia de que Evo Morales había autorizado desmontes y quemas en la Amazonia boliviana, los que le pegaban a Bolsonaro se calmaron y pasaron rápidamente a otro tema mientras el fuego seguía.  Y pasó lo que siempre pasa cuando meten la política a enturbiar un problema: nada.

En esos días, una amiga de Facebook compartió un post de una amiga que pedía rezar por los animales que se habían quemado en el incendio.  Tengo mis dudas acerca de cuánto le podrán servir a los animales muertos las oraciones de los devotos de Facebook. El post estaba acompañado por un dibujo que mostraba, fíjense bien, un elefante, un rinoceronte, un oso panda y hasta UN OSO POLAR (¡Un oso polar en el Amazonas!). Está claro que la persona que publicó esto no tiene mucha idea no sólo acerca de la fauna de la región amazónica sino, probablemente, acerca de si el Amazonas está en África o América.

Y hablando de ignorancia: hay una ecorregión de la que nadie habla, vaya uno a saber por qué: La Selva Atlántica ("Mata atlántica" la llaman en Brasil), una maravilla de increíble diversidad que se extiende (o se extendía) por el sud-sudeste de Brasil, lo que hoy es la provincia de Misiones, en Argentina, y el este de Paraguay.

Mapa de Misiones

Este foto satelital muestra de manera dramática como la provincia argentina de Misiones aparece en color verde oscuro por la supervivencia de la selva, mientras que las regiones de Brasil y Paraguay al otro lado de la frontera aparecen como arrasadas - salvo la cuña verde del Parque Nacional Iguaçú, en Brasil.  La destrucción de la selva atlántica es un proceso de décadas, y la mayor parte de la gente no lo sabe, y sobre todo la mayor parte de los argentinos no sabe que en la provincia de Misiones, una de las más pequeñas de la Argentina, se conserva lo mejor de este tesoro natural.

Este proceso no es responsabilidad de un solo gobierno, de un solo país, sino que atraviesa décadas y generaciones. Sin embargo ... seguiremos.


lunes, 17 de diciembre de 2018

El trencito del recuerdo

El sábado caminaba por la avenida San Juan haciendo algunas diligencias, y al pasar por la vidriera de un negocio que vende antigüedades me detuve un rato a mirar, como hago siempre.  Las antigüedades que venden en ese local no son muebles, cuadros, arañas, sino más bien objetos cotidianos como viejos sifones, botellas de gaseosas ("Pomona", "Bidú") y especialmente juguetes, muñecas, autitos, mecanos y cosas así.  Justo en la vidriera, apoyada contra el vidrio, una caja con un tren de juguete a pilas, exactamente igual a uno que yo había tenido cuando era chico.  Dejando de lado el significado profundo (y deprimente) de que los juguetes que uno usó en la infancia aparezcan en la vidriera de un anticuario, había ahí una historia, una vida. Así que me subiré a ese tren del recuerdo y escribiré algo sobre papá.

Yo tendría ..¿Ocho años? ¿Nueve?, tal vez estaríamos cerca de las fiestas de fin de año, y papá, con esa inyección de optimismo que da el aguinaldo, vio ese juguete en la vidriera y me lo compró.  Así contado parece trivial, pero ese regalo, junto con el juego "Mis Ladrillos", fueron los dos únicos juguetes que me dio papá, porque en casa los juguetes, y casi todo lo demás, era un lujo inalcanzable.

Cuando yo nací papá tenía cuarenta y siete años; era grande y ya arrastraba serios problemas de salud que lo hacían parecer todavía mayor.  Desde mis once años en adelante, todos los años, al llegar abril, era empezar a ver a papá en cama recibiendo inyecciones, y visitas de médicos, o en el mejor de los casos sentado junto a la estufa (un calentador Bram Metal a kerosene) por el miedo de que salir al aire libre le produjera alguna enfermedad respiratoria que afectara el único pulmón que tenía aún en condiciones de funcionar.  Recién al llegar noviembre se sentía confiado como para salir a la calle, incluso algún día se acercaba a la escuela a buscarme a la salida.  Cuando yo no sabía que me iría a buscar, al salir de clases empezaba a caminar hacia mi casa, hasta que mis compañeros me avisaban "Iriarte, esperá que ahí está tu abuelo", yo corregía "Es mi papá" y me miraban con expresión incrédula.

Papá se jubiló a los cincuenta años, así que siempre lo conocí jubilado.  Alguna gente parece creer que hubo una edad dorada en la que los jubilados vivían como reyes,  pero en todo caso habrá sido antes de que yo naciera, porque allá por el sesenta y seis  o  sesenta y ocho, en casa éramos pobres como lauchas, y me parece que hasta las lauchas nos tenían un poco de lástima.  Mamá arrimaba algunos pesos con trabajos de costura, vestidos de primera comunión o casamiento y cosas así.  Me despertaba a veces a las tres de la mañana, veía la luz prendida en el comedor y escuchaba el ruido del pedaleo de la vieja Singer.  Pero incluso con esto no alcanzaba, y papá consiguió una changa como sereno en una fábrica. A saber qué efecto pudo tener en su salud ese trabajo con turnos rotativos, noches heladas en mitad del invierno.  La semana en la que a papá le tocaba trabajar de noche, dormía desde después del mediodía, y yo tenía prohibido jugar para no hacer ruido; hasta mamá pedaleaba con cuidado la máquina de coser, y ponía la radio, bien bajita, para escuchar el noticiero de las 7 ("tres minutos de noticias...") por si anunciaban que ese mes, sí, los jubilados iban a cobrar. Porque hubo un par de años en los que los jubilados pasaban varios meses sin percibir sus haberes, por increíble que parezca.  Terminaba el noticiero sin noticias alentadoras, subrayado por la puteada de mamá.  La memoria de esos atardeceres silenciosos, mamá cosiendo bajo la luz de una lamparita y la música que abría el noticiero se mantienen imborrables, y así seguirán.

En una ocasión, los gerentes de la fábrica propusieron hacer una reunión para el día del niño; habría sandwiches, masas y otras cosas; los padres traerían el regalo que habían comprado para sus hijos y se lo entregarían durante la fiesta. Cuando llegó mi turno, mi regalo era un camioncito verde.  Me pareció un poco raro, porque papá sabía que a mí no me gustaban los autitos (hubiera preferido una caja de lápices de colores).  Con los años supe que papá había decidido que no fuéramos a esa fiesta porque en ese momento no tenía con qué comprarme un regalo; entonces las secretarias y otras empleadas le dijeron que fuéramos igual; ellas juntaron unos pesos y de ahí salió mi camioncito verde.  No sé quiénes fueron esas buenas chicas, pero siempre las recuerdo igual.  Pensemos entonces el arrojo que habrá representado para papá el famoso trencito.

Papá tenía una ilimitada confianza en mi capacidad. Como en aquel entonces no se estilaba que los padres pidieran opiniones a los hijos, una vez sentenció: "Vas a estudiar inglés", y allí fui a lo de la vecina Coca.  Los milagros que habrán hecho papá y mamá para pagar la muy modesta cuota y el derecho de examen anual del Instituto Cambridge todavía me intrigan.

Cuando yo cursaba el secundario, papá buscó otro rebusque; compró una máquina para hacer bolsitas de polietileno que yo llevaba para vender en carnicerías, verdulerías y otros negocios. Comprábamos los rollos de polietileno en una fábrica en Pompeya.  Pero como con eso tampoco alcanzaba, yo me ocupé de hacer las bolsas y el se consiguió un trabajo; era en un taller en Mataderos, un galpón enorme, helado y ventoso en invierno, donde manejaba una máquina que moldeaba culotes para los faros de autos.  Alguna tía caritativa, a la que Dios tenga en la gloria y bien guardada, le dijo alguna vez a mamá "Esteban tiene que cuidarse, no puede ser que esté trabajando con lo mal que está de salud. Que trabaje Dany, estudiar no es para todos, es para los que los padres los pueden mantener".  Papá no cedió y gastó la poca salud que le quedaba.  Pero incluso para mí era difícil la situación,  con papá enfermo, y mis propios problemas de identidad sexual (que uno ni siquiera pensaba en llamar por ese nombre) que eran como correr una maratón con una roca sobre los hombros.   Así, para empeorar las cosas, repetí un año en la escuela, para perplejidad de papá, mamá y mis profesores.  Papá se enfureció, pero siguió apostando por mí.

El veintitrés de julio del setenta y cinco cumplí dieciocho años, y al día siguiente murió papá. Entré en la vida adulta sepultando a mi padre.  Si pensamos que la única entrada fija que había en casa era la jubilación de papá, es fácil entender lo feas que se pusieron las cosas.  La pensión de mamá tardó casi un año en salir, y hasta el día de hoy no sé cómo o con qué vivíamos.  Desde que yo recordaba, siempre habíamos comprado con libreta en el almacén, la carnicería y la verdulería, y creo que en esos tiempos, si hubo un plato de comida en la mesa se lo debíamos a la paciencia de Ana y Martín, los dueños de la carnicería, almacén y verduleria.

Terminé el secundario en el 76, el pobre papá ni siquiera llegó a ver eso.  Casi diecisiete años más tarde decidí empezar la Universidad.  Elegí la carrera de sistemas porque sabía que me permitiría trabajar de eso y ganar una aceptable remuneración; ya había tenido bastante pobreza en mi vida, y tal vez por haberla conocido cara a cara, durante tantos años, nunca tuve esa imagen romántica del pobre que tienen tantos chicos idealistas de clase media en cuya casa nunca faltó nada.  Siempre tuve confianza en mis posibilidades (creo que eso me venía de papá), y cuando terminaba el día a la medianoche, después de haberme levantado a las 6 para ir a trabajar a Avellaneda, viajando luego hasta Morón para cursar a la noche, con el fin de semana (único tiempo libre que me quedaba) dedicado íntegramente a estudiar, la imagen de papá enfermo pero trabajando en un taller helado para que yo pudiera seguir estudiando me despertaba como un latigazo.  Y esa imagen de papá se me apareció siempre que logré cumplir un sueño: un viaje, la casa propia ....

Y así, nos alejamos ahora por la vía del recuerdo, en ese trencito que me trajo el recuerdo de papá, con el humo de la locomotora que se va diluyendo, mientras lo miramos con la vista empañada por una lágrima ...

Hasta cualquier momento, vasco Iriarte. Habrá más.










 

viernes, 22 de junio de 2018

El fútbol es todo lo que está mal

Yo tendría seis o siete años, y ya me daba cuenta de que nunca iba a hacer buenas migas con el fútbol.  Pasaba caminando cerca de donde estaban jugando los chicos del barrio, que al verme pasar me gritaban "maricón" y me tiraban una piedra o un pedazo de madera para reírse al verme salir corriendo asustado, y que a veces incluso me seguían entre gritos burlones, para alargar un poco más la diversión. Esa fue mi primera imagen del fútbol, y es más o menos la que conservo hoy en día, con agravantes.

Me gustara o no, el fútbol era parte del paisaje en el que crecí; los viejos sentados en la vereda con la radio Spica los domingos a la tarde, las pilas de manoseadas revistas "El Gráfico" en la peluquería, papá y mi hermano pegados al televisor mirando a unos tipos que corrían detrás de una pelota, que a mí me parecían - me siguen pareciendo - siempre los mismos haciendo las mismas cosas durante medio siglo.  Todo insulso, monótono, aburrido y sin interés.

También hace más de medio siglo que se escucha, cada lunes, luego de un tiroteo en una o más canchas, con o sin muertos, la repetida afirmación de que "esto no es el fútbol", "esto desvirtúa el espíritu del fútbol". Y a lo mejor, si hace tanto tiempo que se están masacrando los fines de semana, y si jugadores y dirigentes aparecen pegoteados con la violencia, y si eso nunca se pudo cambiar, a lo mejor, digo, resulta que eso SÍ que es el espíritu del fútbol. Si no es así, ¿De qué hablan cuando dicen "el espíritu del fútbol"? ¿De los caballerosos ingleses del ferrocarril que armaban sus equipitos amateur allá por el 1890? Esa gente ya está muerta, sepultada, hecha polvo, olvidada, y odiada hasta el día de hoy por ser ingleses.

Alguna vez traté de hacer surgir en mí el interés por el fútbol, porque a pesar de todo uno vive en sociedad y hay gente, mucha gente, que no parece tener otro tema de conversación, gente a la que no se le puede decir "no avancen con el trabajo si no tienen nuestra aprobación" porque no entiende, y hay que decirle "no podés estar en offside".  O gente a la que no se le puede decir "es la última oportunidad que les damos" sino  "por esto te sacamos tarjeta amarilla".  Pero fue inútil, fue forzar algo que no me salía si no era con una gran dedicación, y el fruto de tanto esfuerzo fue vano.

El fútbol es la barra brava subiendo a un tren o a un colectivo y amedrentando a los pasajeros. 

El fútbol es la barra brava que viaja en avión siguiendo a su equipo, fumando marihuana y molestando a las azafatas, arruinando los nervios de los demás pasajeros.

El fútbol es ese señor millonario que conocí personalmente, versión actualizada del traficante de esclavos, que se juntó con unos amigos para recorrer villas miseria y ver a los chicos jugando al fútbol, tratando de descubrir algún talento prometedor para ubicar a los padres y hacerle firmar un contrato leonino pensando venderlo a España o Francia, al tiempo que los concentraba en una casa quinta alquilada al efecto (para lo cual, obviamente, los chicos abandonaban la escuela) donde los hacían entrenar todo el tiempo y les daban de comer arroz con aceite.

El fútbol es ese otro señor que conocí, fanático de un equipo de primera división, que allá por los 90, cuando su club fue a jugar un amistoso a Osaka se fue hasta Japón, 24 horas de vuelo (en el mismo avión que los jugadores), se alojó en el mismo hotel, fue de ahí a la cancha a ver el partido, de la cancha al hotel, del hotel a aeropuerto (para tomar el mismo avión en el que volvía el plantel). Viajar hasta Japón para ver un partido y seguir a un equipo, sin siquiera salir un rato a caminar para conocer el lugar.

El fútbol es ese jugador de San Lorenzo que se ahorcó a los 22 años, víctima de una depresión; y el fútbol es la hinchada rival que en el partido siguiente se burló de San Lorenzo con un muñeco de trapo colgando de una soga que le rodeaba el cuello.

El fútbol es inculto, es Maradona con el cerebro quemado por la droga, es Messi que se expresa en 80 palabras.

El fútbol es machista, homofóbico (o sea homosexualidad reprimida y nunca asumida), violencia, incultura, racismo.

Las dictaduras han perseguido religiones, ideologías, culturas, pero ninguna dictadura prohibió al fútbol.  Más aún, las dictaduras, del signo que fueran, han hecho del fútbol una herramienta de poder y dominación (Argentina 78...), y por eso los gobiernos populistas lo promueven y lo llenan de dinero, de nuestro dinero, del que pagamos con el IVA del paquete de polenta o el sachet de leche, para hacer más ricos a unos jugadores y dirigentes que ya son multimillonarios.

El fútbol es todo lo que está mal.

viernes, 15 de junio de 2018

No somos como todo el mundo

Los argentinos inventamos la rueda cuadrada, que es mucho más fácil de fabricar que la rueda redonda. El resto del mundo usaba ruedas redondas, pero eso es porque eran unos giles, no como nosotros que siempre fuimos unos genios. Después fabricamos en el país un auto con las ruedas cuadradas: el AutoCuad, y cuando no caminaba le echamos la culpa a un sabotaje que nos hizo el resto del mundo, que nos tenía envidia porque siempre hacemos las cosas mejor. Como el AutoCuad no se vendía, los fabricantes locales pidieron al Gobierno que pusiera un impuesto del 30.000% a los autos importados (que tenían ruedas redondas), para defender la industria nacional. En el tiempo que le quedaba libre luego de colgar retratos del Che Guevara y ponerle a las calles el nombre del presidente Kestor Nircher, los funcionarios adoptaron las medidas solicitadas. Otro gobierno, cuando terminó de descolgar los cuadros del Che y cambiar los nombres de las calles por otros como "Las Margaritas", sacó el impuesto pero le dio facilidades a unos chinos para poner una planta automotriz en Tierra del Fuego, donde se armarían autos con piezas traídas de China, salvo las ruedas, que tenían que ser ruedas cuadradas de fabricación nacional. Después volvió a poner el impuesto por presión de los industriales y del SMATA. Como los AutoCuad que fabricaban los chinos en Tierra del Fuego tampoco se vendían, los dueños de la fábrica presionaron al Gobierno (otro) para que les permitieran fabricar una cierta cantidad de autos de ruedas redondas, para exportación. El Gobierno estaba muy ocupado subiendo otra vez cuadros del Che, pero aceptó el acuerdo, con la condición de ponerle un impuesto del 600% a esos autos de ruedas redondas que se exportarían. Los autos no podían ser vendidos en el país. En realidad había excepciones, podían vendérselo a los diputados, senadores, ministros, y sindicalistas, que de todas maneras no estaban interesados porque ya tenían sus BMW, Porsche y Mercedes Benz importados, que compraban sin pagar el impuesto del 30000% a los autos importados gracias a un régimen de promoción especial. Por otra parte, el impuesto a la exportación de AutoCuads los encarecía tanto que nadie afuera los quería. Para preservar la fuente de trabajo de AutoCuad, que se estaba hundiendo, el Gobierno (otro) estatizó la fábrica, con gran escándalo en el Congreso, donde diputados de partidos de izkierda proclamaban que la verdadera solución era convertir a la fábrica en una empresa autogestionada bajo el control de los trabajadores. Luego de estatizarla el Gobierno le puso a la planta el nombre de "General Manzanón", en honor a un ex presidente del que hay mucho para contar. Buscando una solución al problema, el Gobierno (otro) pidió un crédito al Banco Mundial para comprar 500.000 unidades de AutoCuads y entregarlas a los municipios de todo el país para usos varios. Esto produjo un renacer de la alicaída economía fueguina, hecho saludado por diversas notas periodísticas en diarios y TV, que anunciaban el definitivo despegue de la industria nacional. La distribución se hizo llevando los autos en camiones de ruedas redondas - aún quedaban algunos, hecho denunciado por un senador que en sus tiempos se había dedicado a dirigir cine, y que denunciaba el hecho de que todavía hubiera vehículos con ruedas redondas como un caso clarísimo de penetración imperialista. De todos modos, los autos llegaron a los municipios, donde se fueron pudriendo y oxidando en la calle, con el correr del tiempo. Después de algunos años el Gobierno (otro) tuvo la brillante idea de privatizar la AutoCuad de ruedas cuadradas. Se armó un zafarrancho descomunal: marchas, piquetes, clases públicas de las universidades, recitales de varios artistas de corte progre apoyando la lucha de los trabajadores de AutoCuad y contra la entrega del patrimonio nacional por el neoliberalismo. El Gobierno calmó las aguas prometiendo que la planta privatizada llevaría el nombre de "Tías de Plaza Francia". Una empresa de Bielorusia se interesó en la privatización de AutoCuad, con la condición de que le permitieran participar del negocio de la venta de autos importados, y que el gobierno asegurara adquirir al menos 50.000 unidades de AutoCuad al año, para lo cual se gestionaría un crédito especial en la Banca Morgan. Al final la privatización fue aprobada en el Congreso con el pomposo nombre de "Promoción de la industria automotriz", y que incluía algunos cambios respecto del proyecto original del poder ejecutivo, de manera que los parientes y amigos de senadores y diputados podían también gozar de la excepción al impuesto de los autos importados. Igualmente esto provocó una conmoción en los medios, hasta que los legisladores incluyeron a los periodistas y dueños de canales y radios en el régimen de excepción del impuesto a los autos importados y todo se calmó. Mientras tanto los libros escolares, películas, canciones y libros varios habían incorporado la imagen del AutoCuad como un ícono de la argentinidad, como el dulce de leche, el alambre de púa, la sonrisa de Gardel y el gol con la mano de Maradona. Fue así que cuando, en una exposición en la Facultad de Ingeniería de la SUBA un ingeniero disertante propuso la audaz idea de que se dejaran de fabricar los AutoCuad para dedicarse a fabricar vehículos con ruedas redondas como en el resto del mundo, se produjo una batahola, los representantes del Centro de Estudiantes Crónicos lo abuchearon y arrojaron objetos varios, y la noticia llegó rápidamente a los medios. Opinadores profesionales de barba y con cara de mala leche pasaron por el programa "Imbancables" explicando que desde que se inició en el país la fabricación del AutoCuad los accidentes de tránsito habían bajado muchísimo, incluso por debajo de los que se producian en Cuba o Corea del Norte, por ejemplo. Los sindicatos y organizaciones populares organizaron una marcha de repudio masiva, y fue conmovedor ver llegar a los manifestantes desde todos los puntos del país en sus sulkis, diligencias, lomo de caballo o directamente a pie.

lunes, 11 de junio de 2018

Cómo extraño a la cigüeña...

Allá por los 80, cuando yo militaba en la conducción nacional de la Acción Católica, había comenzado la moda de escribir graffitis en las paredes, y todavía trataban de mostrar cierto ingenio ("Volveré y seré sillones - Luis XV").  En una pausa para el café durante una reunión institucional comenzamos a comentar los graffitis que habíamos visto recientemente, y el padre Raúl, nuestro asesor, un cura brillante con una extensa cultura, que había leído con la misma dedicación y entusiasmo a San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Camus, Sartre o Karl Popper, comentó: "Hoy vi un graffiti buenísimo, decía - No al aborto, coja por el orto - ".  Dejo a la imaginación del que lea esto representarse la cara de espanto de las piadosas damas y de más de un piadoso caballero presentes.

En cuanto al que lea esto, bueno, en principio lo estoy escribiendo para mí. Algunos amigos y no amigos lo leerán, con variado efecto.

La postura de la Iglesia sobre temas relacionados con el sexo es más o menos conocida: El sexo está destinado a la procreación, y por lo tanto sólo es lícito entre personas de distinto sexo dentro del vínculo matrimonial. Todo lo relacionado con el sexo está revestido de un aura temible y debe ser respetado.  Cualquier práctica que obstaculice o complique la fecundación o el término del embarazo está descartada desde el vamos. Los componentes orgánicos que intervienen en la procreación tienen la misma entidad: derramar el semen del hombre fuera del acto sexual lícito (=matrimonio) es un acto desordenado y pecaminoso.  He llegado a leer en un texto ("Teología Moral para Seglares" de Fray Antonio Royo Marín, un muy prestigioso teólogo español del siglo XX) que en el caso de que se necesitara hacer un estudio del semen de un paciente para determinar su fertilidad o infertilidad, no es lícito obtener el semen a través de la masturbación o recogiéndolo en un preservativo durante el acto sexual; se recomienda en cambio que el médico u otro profesional obtenga la muestra por medio de una punción de los testículos.

Argumentos como éste debería colocar a la Iglesia, desde el vamos, fuera de cualquier debate.  Vemos que no es así.

Conviene hacer notar que las posturas sobre la sexualidad y la procreación son compartidas dentro de la Iglesia tanto por los sectores supuestamente más conservadores como por los grupos "progresistas" que están en su momento cumbre con el argentino Bergoglio sentado en la cátedra de Pedro.  Personalmente creo que los clérigos progresistas han renunciado a la pompa y la solemnidad litúrgica para adoptar un aire canchero y de barrio, pero que conservan un hambre de poder digno de los papas Borgia o Médicis del siglo XVI.  Para los católicos conservadores, el aborto es parte de una conspiración comunista; para los católicos progresistas, el aborto es una imposición del FMI (así precisamente lo ha expresado uno de sus mayores referentes, el padre Pepe, cura villero).

Reconozco que tantos años de militancia y práctica católica han dejado en mí una huella, y por lo tanto para mí sigue siendo esencial saber si el niño no nacido es una persona o no, o al menos en qué momento podemos considerar que es una persona.  Es un interrogante que no está cerrado ni mucho menos, pero esto que para mí es crucial en la determinación de la licitud o ilicitud del aborto bajo ciertas circunstancias, no tiene la menor relevancia para otras personas.

En estos días el debate (por llamarlo de alguna manera) por el aborto está  en su punto más caliente. No voy a hablar del debate en sí, pero he sacado de él algunos datos interesantes.  Para algunos, si no hubo nacimiento no hay persona.  Por lo tanto, es perfectamente lícito, mientras no se haya iniciado el trabajo de parto (incluso dos o tres días antes), hacer una cesárea, extraer el feto e inyectarle un droga para inducir el paro cardíaco.  En lo personal, para mí estaríamos ante un homicidio, pero la postura más progre decanta para ese lado.  Tengo un íntimo sentimiento de que muchas personas (particularmente ciertas feministas)  están a favor del aborto incluso en las condiciones que menciono, porque en el fondo sienten una repulsión invencible por la idea de gestación, nacimiento, maternidad en definitiva.

Desde luego, a diferencia de lo que predica la Iglesia, no creo que haya una vida humana cuando lo que hay es un conjunto de células no diferenciadas multiplicándose, no hay sistema nervioso, en especial cerebro, y por lo tanto forma de experimentar dolor o angustia.  Y hasta ahí no tengo entonces problema con la interrupción de la gestación.  O sea que para mí hay un punto hasta donde sería lícito interrumpir un embarazo y un punto a partir del cual ya no lo sería.  Por momentos creo ser el único al que le importa esto, porque para los anti-aborto la interrupción del embarazo no es lícita jamás, mientras que para los pro-aborto pareciera que la interrupción del embarazo es lícita siempre, porque lo que importa no es si el no nacido es una persona, sino la mujer y su derecho a usar de su cuerpo y su libertad, o el hecho de que el aborto es una cuestión de salud pública, u otros argumentos de nivel parecido.

Cómo suele pasar en situaciones de este tipo, el seudo debate sobre un tema central incluido en una ley, sirve para opacar otros aspectos de la ley que pueden ser horrorosos.  Algo así como lo que pasó con la última reforma de la constitución para incluir la reelección presidencial, que se convirtió en un debate entre los pro-menem y los anti-menem, y nos dejó una constitución que es un mamarracho en todo lo demás. Menem va a estar muerto y sepultado y los argentinos vamos a seguir lidiando con las taras de esa espantosa reforma. 

Con la ley del aborto que se está discutiendo pasa algo parecido.  Dos años de cárcel para el médico que se niegue a practicar un aborto (me imagino que esta cláusula del código penal sí será aplicada rigurosamente por los jueces, sin fianzas, salidas transitorias ni nada por el estilo).  Da la impresión de que la ley no sólo busca legalizar el aborto, sino de paso caer con todo el peso posible del castigo sobre los que no estén de acuerdo con ella. No cuesta nada pensar en que los médicos que no estén dispuestos a realizar un aborto se inscriban en un registro, de manera de asegurarse que todo centro de salud cuente con alguno que sí está dispuesto a hacerlo.  Pero en general la izquierda está más predispuesta a usar la cárcel como castigo a la disidencia ideológica que como castigo al que para robar un celular le mete un tiro en la cabeza al que está esperando el colectivo.

Necesitaba escribir esto, no aporta nada, pero me vino bien escribirlo.  Y fundamentalmente reconoceré que puedo estar equivocado en lo que creo. Y esto último no se escuchó mucho últimamente.

lunes, 14 de mayo de 2018

Si Mahoma no va a la montaña ...

... que no vaya. La montaña no va a ir a Mahoma porque las montañas no caminan.

Recientemente una amiga publicó en Facebook la impresión que le produjo cruzarse con un matrimonio musulmán en el que la mujer iba cubierta de pies a cabeza. Este espectáculo que tanto llama la atención en la Argentina, es cosa de todos los días en Europa.

El post de mi amiga cosechó varias respuestas, algunas de las cuales destilan buenismo por todos los poros e invitan a respetar las diferencias, quiénes somos nosotros para decir cómo deben vivir los demás, etc.

Creo que todos los que me siguen en Facebook tienen en claro que no siento mucha simpatía por los musulmanes.  En realidad no siento mucha simpatía por la gente religiosa; menos aún por aquella gente a la que su religión la coloca en conflicto con lo que hay de humano en nosotros (por ejemplo: Testigo de Jehová que no permite hacerle una transfusión de sangre a su hijo) y menos que menos simpatizo con aquellos que además quieren imponer su religión al resto de la sociedad.  Aclaro también que hay gente que sin ser especialmente creyente tiene en cambio una actitud igualmente religiosa respecto de sus opiniones (ambientalistas y feministas, por dar sólo dos ejemplos, pero hay más).

Los que somos parte de ese grupo que se define difusamente como "civilización occidental" tenemos sobre nosotros la historia, y en cierta forma la herencia, de la Iglesia Católica, de su dominio de la sociedad con mano de hierro y de sus prácticas represivas; historia y herencia que pesan sobre todos, aún sobre los que no se reconocen como católicos ni como creyentes.  Durante largos siglos la sociedad europea vivió en lo que se conocía como "Cristiandad", una unión indestructible entre la Iglesia y el Rey, el duque o el emperador, en la que se suponía que los miembros de la sociedad eran, o debían ser, todos cristianos (mal la pasaban los judíos...) y que la Iglesia dictaba las normas sociales de comportamiento. Esas prácticas de la Iglesia Católica han quedado en el pasado, pero no sabemos con certeza si se debe a que la Iglesia cambió (yo no lo creo) o sólo a que ha perdido el poder que tenía en su momento, y no sabemos qué pasaría si la Iglesia recuperara el poder que supo tener, digamos, en el siglo XV (ojalá no pase).  Al fin y al cabo no hace tanto, sólo 40 años, durante el último gobierno militar de Argentina, durante la Semana Santa las radios no podían emitir otra cosa que no fuera lo que se conoce como "música sacra". Es llamativa la insistencia de la Iglesia (al menos del clero) en luchar por sostener su pedazo de poder; los simpáticos sacerdotes del tipo del Papa Francisco tal vez estén apostando a que el mundo del futuro será gobernado por el socialismo, y buscando alguna forma de convivencia con los nuevos jefes que les asegure un lugarcito al sol del poder.

Pero si bien la Inquisición está archivada como una de las páginas negras de nuestra civilización occidental, en los países musulmanes ese tipo de prácticas está vigente y al día. En Pakistán, por ejemplo, quien deje de ser musulmán para convertirse en cristiano o declararse ateo recibe la pena de muerte.

Sabemos que el agrupamiento de libros conocido como "La Biblia" contiene, para los cristianos, dos partes; el llamado "Antiguo Testamento" con los libros religiosos de la tradición judía, y el "Nuevo Testamento" con los hechos y enseñanzas de Jesús y sus seguidores.  Para los católicos el Nuevo Testamento tiene una relevancia mucho mayor que el Antiguo Testamento, al que conservan simplemente como testimonio de la tradición religiosa del pueblo. Salvo un dicho de Jesús de ambigua interpretación ("no he venido a traer la Paz sino la Espada") no hay en todo el nuevo testamento una sola invitación a perseguir a los no cristianos, ni a constituir una alianza entre los dignatarios de la Iglesia y el poder; por el contrario, hay varias expresiones y gestos de Cristo que apuntan en sentido contrario.

Por otra parte, ya desde el libro del Génesis, con la desobediencia de Adán y Eva queda establecido que el hombre es libre y que debe asumir las consecuencias de sus actos, y esta idea está implícita en todas las escrituras.

Podemos decir entonces que la Iglesia Católica, al formar una alianza con el poder y perseguir a los que no sigan sus dogmas y normas, está traicionando las enseñanzas de su fundador. En cambio, el fundador del Islam, Mahoma, en el Corán, hace numerosos y explícitos llamamientos a construir una sociedad totalmente islámica, a castigar a los que no siguen las normas del profeta, a colocar en una situación secundaria y sin derechos a cristianos y judíos, y a exterminar directamente a los que profesen las religiones paganas.  El Corán promueve la guerra santa y detalla una ley ("Sharía") por la cual debe regirse toda la sociedad.  Además el Islam es fatalista por su creencia de que las vidas de los hombres "ya están escritas" en un libro de Alá, que todo lo que nos sucede está pasando porque está escrito; somos así títeres inermes guiados por un dios incomprensible y cruel.

El cristianismo tenía entonces en sí una posibilidad, un germen de regeneración que permitió que las sociedades terminaran por sacarse de encima los aspectos más tenebrosos de esa religión y avanzaran hacia las formas del arte y la ciencia que surgen de la sociedad libre, mientras que las sociedades islámicas en gran parte siguen fosilizadas en la Edad Media, siempre iguales a sí mismas. ¿Quién es el Newton, el Darwin, el Mozart del Islam? No aparecen por ningún lado.

Hace unos tres años estuve en Londres y me quedé perplejo al ver que hay barrios enteros (Whitechapel, por poner un ejemplo) que parecen más un barrio de Damasco o de Islamabad que una parte de Londres.  Me comentaron también que las mujeres no musulmanas que viven en ese barrio tratan de mudarse lo antes posible, y mientras tanto deben ir cubiertas para no tener que sufrir insultos y acoso de parte de los hombres musulmanes del vecindario.  Una noche fuimos a comer (eramos cinco amigos) a un restaurant árabe de la zona musulmana, que era pequeño y tenía un pasillo central con una fila de mesas a cada lado; en una de las filas, había tres hombres sentados; en la otra fila, tres mujeres. Luego nos dimos cuenta de que los tres hombres eran los maridos de las tres mujeres, y las manejaban sin una palabra, sólo con la expresión de la mirada.  Sin pensarlo nos sentamos del lado del pasillo donde estaban las mujeres ... las miradas amenazantes de los maridos, de los que atendían las mesas y hasta del que estaba en la caja nos dejaron helados, pero no nos movimos de nuestro lugar, hasta que finalmente las mujeres se levantaron y se sentaron del mismo lado que sus maridos.

Y creo que esto resume todo el problema: la pretensión explícita de los musulmanes de que todos deben ser musulmanes y de que todas las sociedades deben regirse por la sharía.  Yo no tengo problemas con que lleguen inmigrantes de Siria, pero que sepan que si queman a la esposa con agua hirviendo porque le puso demasiada sal a la comida, van a ir a la cárcel sí o sí, no importa lo que diga el Profeta. Y que si venden a su hija de 9 años a un tipo de 60 para que la tome por esposa estarán cometiendo un delito y deberán pagar por él; y que de ninguna manera aceptaré que vengan a imponer a mi sociedad las normas de comportamiento que escribió un pedófilo psicópata y homicida allá por el siglo VII.

Y si hay que ir de la ceca a la Meca, me quedo en la ceca.

martes, 10 de abril de 2018

La Casa de Papel (Higiénico): 1

Antes de ayer, domingo, terminé de ver La Casa de Papel, la serie de Netflix que tanto dio que hablar.  No me gustó para nada, pero algunos amigos en cambio han dicho que le pareció la mejor serie que hayan visto.  Cada uno tiene sus gustos y sus opiniones, y aquí voy a volcar los míos.  Mis razones para que la serie me parezca realmente mala se pueden clasificar en tres grandes grupos: 1) argumento flojo y lleno de baches y cabos sueltos, 2) pobreza de la interpretación de los actores y 3) el intragable discurso ideológico.  Voy a explicar cada uno por separado y lo voy a hacer en tres posts.

1) Argumento flojo y lleno de baches y cabos sueltos.

Muchas, muchas veces he pasado por esto: estoy viendo una película en la que un delincuente tiene secuestradas, atadas y amordazadas a una mujer y su hija. El esposo de la mujer y padre de la nena no está ahí, pero en un momento determinado aparece inesperadamente, por detrás del secuestrador y sin que éste lo vea.  Casualmente hay un tubo de hierro bastante pesado sobre una mesa cercana, y él lo toma.  Ahora bien, ustedes, ¿Qué harían en lugar de este hombre? Bueno, yo agarraría el tubo, primero le sacudiría al secuestrador en la nuca para desmayarlo y después le seguiría dando hasta que su cabeza quede convertida en algo parecido al puré de tomate.  Eso haría. Después desataría a mi mujer y mi hija, y les quitaría la mordaza. Pero en la película no pasa nada de eso, de ninguna manera. El marido-padre-héroe, empuñando el tubo como si fuera a golpearlo, le empieza a hablar al secuestrador: "... Suelta el arma .... ¿Creíste que podías salirte con la tuya?" lo que le da tiempo al secuestrador para contestarle, distraerlo, arrebatarle el tubo etc.  En otra variante el marido-padre-héroe golpea al secuestrador con el tubo EN LA ESPALDA, aturdiéndole momentáneamente; entonces corre a desatar a su mujer y su hija, las abraza y las besa, ellas lloran y, claro, se ve detrás cómo el secuestrador se levanta, toma el arma, reduce al marido-padre, etc.

Cuando me encuentro con esta escena en una película me levanto y voy a leer un libro o a regar las plantas, porque me parecen una falta de respeto estas tramoyas que sólo buscan estirar media hora más una mala película que tendría que haber terminado veinte minutos antes.

Pues bien, la Casa de Papel no tiene una escena de estas; tiene como cincuenta. A Tokio la sacan en una camilla castigada, ella se obsesiona con matar a Berlín pero después decide volver y reconciliarse, para lo cual se lanza con su moto entre una selva de francotiradores (¿No se supone que un francotirador es capaz de arrancarle una pata a una hormiga a 300 metros?) sin que le acierte ni una bala, sin que la rocen, sin que la despeinen siquiera.

Supuestamente Moscú era un bruto al que lo llevaron para cavar el túnel, pero salvo unos pocos minutos al comienzo de la primera temporada, en la que se lo ve trabajando, se pasa el resto de la serie paseándose o pescando in fraganti a su hijo, el bestia de Denver, mientras le da masa a Mónica.  Dicho sea de paso, después de que Denver y Mónica se cansaron de tener sexo por todos los rincones, en el último episodio Denver va a revisarle a Mónica sus heridas, y pudorosamente se da vuelta para no mirar mientras ella se baja la ropa.

La banda cuenta entre sus integrantes con la mejor falsificadora de billetes del planeta, y la tienen para imprimir billetes en la Casa de la Moneda, con las máquinas, las planchas, la tinta y el papel auténticos de la Casa de La Moneda.  Para falsificar así no hace falta una falsificadora; con una mucama recién llegada a Europa como inmigrante ilegal bastaba.

Uno de los atracadores es un hacker extraordinario que, llamativamente, no muestra en ningún momento sus sensacionales habilidades, y se limita a custodiar con una ametralladora a los rehenes, y sacudirle a Tokio cuando se presenta la ocasión, y cuando no se presenta también. Todavía nos deben una explicación del aporte que hizo al atraco, tal vez porque el director o el guionista no tuvieran muy claro qué hace un hacker, y no tuvieron tiempo de averiguarlo. 

Vayan mi saludo y respeto por la resistencia física de los rehenes que después de dormir cinco días en el piso y bajo la tensión constante y el temor por su vida, al final de la serie parecen recién salidos de un spa.  Yo me desperté con un camión que pasó frente a mi casa a las 4:00 am, y hoy tengo una cara de muerto en vida que no se puede creer.

Dejo en el tintero un sinnúmero de inconsistencias o groseras muestras de ignorancia, pero no puedo pasar por alto un punto decisivo: el dinero.

Si vamos a calcular el volumen y peso de casi 1.000 millones de euros, hay una imposibilidad física de transportarlos usando esa cantidad de gente y en el poco tiempo que pasó entre que terminaron el túnel y la policía ingresó a la casa de la moneda.  Pero dando por sentado que se salvó esa limitación: ¿Qué hicieron después? Si vamos a dividir el botín entre los participantes, y supondremos que en partes iguales porque al fin y al cabo el profesor es comunista y está por la igualdad, cada uno tendría cerca de 100.000.000 de euros. El volumen y el peso son prácticamente inmanejables para una sola persona; ni hablar de sacarlo del país porque implica un montón de valijas casi imposibles de pasar por los controles de un aeropuerto.  Los lavadores de dinero saben que los billetes en efectivo son la prueba de su delito y por eso buscan convertirlos en otra cosa de todas las maneras posibles. Pero una cosa es un narcotraficante que busca lavar 1.000.000 de dólares y otra muy distinta un atracador tratando de hacerlo con 100.000.000 de euros; en España sería imposible porque todos los sistemas estarían alertados, y como vimos, sacarlos resulta sumamente difícil. Cualquiera que haya tratado de comprar un departamento o una casa con más de 10.000 dólares en efectivo lo sabe bien: se le pedirá una justificación del origen de los fondos.  Lo mismo vale para el intento de depositar esa suma en una cuenta. Pueden presentar un documento falso una vez, dos, diez veces, pero en alguna de esas va a fallar. Tal vez lo único que les queda es esconder el dinero y gastar de a poco, siempre con el temor de que alguien descubra el escondite. Me dirán que muchos políticos han lavado sumas muy superiores, y es cierto; pero se trata de personas con poder político que controlan o influyen sobre jueces, organismos de seguridad y de prevención de lavado de dinero, lo que no es el caso de los atracadores.  Es verdad que el Profesor y sus secuaces podrán corromper algunos jueces y varios policías, pero todo eso implica que cada vez haya más gente que los conoce e identifica, que sabe quiénes son y lo que han hecho, más agujeros que tapar, más potenciales eslabones débiles en la cadena.

Bueno, me dirán: "Es una película, es una serie". Estoy de acuerdo en que uno no puede pedir en una serie o película que todos los detalles cierren; pero yo al menos espero un argumento más sólido y consistente.

En el próximo post me ocuparé de los actores.

lunes, 5 de marzo de 2018

El incorregible que se corrigió

"Los peronistas no son ni buenos ni malos; son incorregibles"
Jorge Luis Borges


Crecí sabiendo una sola cosa sobre Borges: era gorila y oligarca.  Y era todo lo que había que saber sobre el tema. Para el peronista promedio, el General era una persona culta e inteligente, y sus discursos llenos de palabras difíciles (y desconocidas) como "cipayos vernáculos" o "imberbes" expresaban su intelecto superior.


En la adolescencia, algunos profesores de lengua ("Castellano" se llamaba entonces) o de Literatura, vanamente intentaron ensalzar al escritor ciego ante una audiencia proveniente en su mayoría de hogares tanto o más fanáticamente peronistas que el mío. Cierta vez la docente leyó ante la clase "Hombre de la esquina rosada"; nos sentimos culpables porque nos agradara una pieza escrita por un escritor gorila.


Con los años fui leyendo algunas partes de su obra, como "Ficciones", de manera aislada.  Cursando  Estadística en la Universidad, la profesora a cargo mencionó como ejemplo de cálculo combinatorio y de probabilidades el relato "La biblioteca de Babel", que releí con renovado placer desde esta nueva perspectiva.


Tiempo después compré una edición en entregas de las obras completas de Borges, que comencé a navegar con felicidad.  No elogiaré sus méritos, pues grandes escritores lo hicieron; sólo hablaré del placer que su lectura me ha otorgado.  Cada uno tiene su obra favorita de Borges; Funes el memorioso, El Inmortal, la Casa de Asterión, las Alarmas del doctor Américo Castro están entre las mías.


Mario Bunge ha escrito que "(...) La obra de Borges admira pero no conmueve. Fue escrita con la corteza celebral, sin participación del sistema límbico. Es fría y distante como una escultura moderna". No diré nada de la frialdad del mismo Bunge; prefiero explorar la afirmación de que la obra de Borges no conmueve.


Reflexionando sobre la modesta gloria que le cabe a Francisco de Quevedo en la historia de la literatura universal, Borges aventura que la explicación se encontraría "en el hecho de que sus duras páginas no fomentan, ni siquiera toleran, el menor desahogo sentimental".  El sentimentalismo es banal; cualquiera puede conmover con el relato de una madre cuyo hijo ha sido asesinado, o con la historia de un amor no correspondido que dura toda una vida; y aunque Lorca y García Márquez lo han hecho con gran felicidad, sólo Borges es capaz de impresionarnos con la angustia del hombre que sabe que vivirá eternamente y tiene por delante una sucesión infinita de días; o hacernos sospechar el sufrimiento del Minotauro, monstruo encerrado en su laberinto, aislado y solo esperando el día en que la espada de Teseo lo libere para siempre.


La emoción de encontrar  ¡en diez páginas! la descripción de un mundo imaginado con su historia, sus montañas y ciudades; o la que producen las ácidas y elegantes ironías respecto de obras literarias o películas, no son de orden sentimental, pero son las que otorgan ese placer único a la lectura.




Las opiniones de escritores del país o el exterior son mayoritariamente, aunque no unánimemente, favorables a la obra de Borges. Nadine Gordimer, en su discurso de aceptación del Nobel de Literatura (jamás concedido a Borges), lo cita al menos cinco veces con gran respeto o admiración. 

Críticas punzantes de la obra de Borges, a la que llama "chistes intelectuales" (Intellectual jokes), ha disparado Vidia Naipaul, premio Nobel 2001, que estuvo algunos días en Argentina allá por 1974. Durante su visita frecuentó los prostíbulos de la Recoleta e hizo un viaje en autobús hasta La Rioja, después de lo cual escribió un libro sobre la Argentina en el que afirma que las mujeres argentinas saben que su único futuro es trabajar en la prostitución, y lo aceptan así. No sé si exploró la obra de Borges con la misma superficialidad con la que estudió a la sociedad argentina.


Pasaré por alto las opiniones de los que juzgan la obra literaria de Borges a partir de sus posturas políticas. No me ocuparé de la negativa histórica de la Academia Sueca por otorgarle el premio Nobel, un premio que la misma academia, en su incansable búsqueda de la corrección política, ha rebajado hasta la irrelevancia. Dije, y cumplo, que sólo contaría el placer que me produce su lectura.


Tal vez sea cierto que los peronistas son incorregibles. Yo ya no soy peronista, así que tal vez sea corregible aún.










miércoles, 3 de enero de 2018

Ferr-Guas y Guat-Jan

Crecí en un barrio que era casi campo, donde disfrutaba de sencillos placeres como poder jugar en la calle hasta la noche en verano, o sentarme en la vereda con papá a saludar a los vecinos que pasaban de vuelta del trabajo. Tranquilo y apacible como era, resultaba también un mundo un tanto pobre, no solo desde lo material sino desde lo espiritual y lo intelectual.

Ignoro por qué a papá se le habrá ocurrido comprar esa enciclopedia en fascículos impresa en España, pero cada semana el vendedor de diarios pasaba por casa y nos dejaba el ejemplar correspondiente.  Todavía creo que los estoy viendo, con las letras del título negras y azules (Monitor, diccionario enciclopédico) y en la parte inferior de la portada el nombre de la editorial Salvat.  Al completarse un tomo comprábamos las tapas, pero nunca llegué a encuadernarlos, tal vez porque no sabíamos dónde encargar ese trabajo, o tal vez por desidia.

Los tomos llevaban en el lomo dos sílabas, que representaban la primera sílaba del primer y del último vocablos o tema que contenía. Recuerdo el primer tomo "A-Astra" y otros como "Ferr-Guas" o "Guat-Jan".  Los fascículos en offset tenían buenas ilustraciones, para lo que permitía la técnica de impresión de la época.

Esa modesta publicación abrió, como en los cuentos, una puerta a otros mundos, una puerta por la que escapé, a mis once años. de la módica realidad cotidiana que me rodeaba.  En sus páginas supe de la existencia de un mineral llamado Rejalgar (un sulfuro de arsénico) pero en la misma página aparecía una foto de las rejas que hizo Gaudí para la entrada del parque Güell, en Barcelona.  En la página dedicada a "metafísica" se veía una reproducción de "Las musas inquietantes" de Giorgio de Chirico, que me hipnotizó entonces y sigue embrujándome hoy.  No estaba muy clara en el texto la relación de esa obra con la metafísica, hasta que años después supe que ese pintor calificaba sus obras como "scuola metafísica".

En la enciclopedia convivían en fascinante mescolanza los glifos de los dieciocho meses del calendario lunar maya con las pinturas surrealistas de René Magritte; o una entrada sobre Oscar Wilde que entre otras cosas decía "...su formación quedó trunca por la homosexualidad...". Lo que me costó entender eso entonces, a esa edad, y en aquellos años cuando la palabra ni se nombraba ...

Las obras de Velázquez, las cumbres del Himalaya o de los Montes Altai, el expresionismo alemán, los cuadros de Edward Munch (me impresionó especialmente "Calle Karl Johans al atardecer" con su fila de espectrales paseantes), las guerras napoleónicas o los templos de la cultura khmer, el dadaísmo, las obras del Museo del Prado o los tesoros del British Museum, todo vino a llenar de variedad, de emoción y de interés a aquel pequeño mundo de mis once años, en ese pequeño lugar donde me crié.

Con los años, las enciclopedias se fueron perdiendo y terminaron sin duda en ese olvido al que condenamos a muchos objetos.  Pero la puerta que abrieron, esa no se cerró jamás. Gracias, Monitor.



miércoles, 23 de agosto de 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Aquellos veranos...

Los veranos eran indefectiblemente en Henderson, salvo una o dos veces que fuimos a Alta Gracia, donde había una colonia de vacaciones para ferroviarios.  A Henderson íbamos a veces papá, mamá, Esteban y yo; cuando Esteban entró en la adolescencia, naturalmente, ya no nos acompañó. Las últimas veces fuimos papá y yo solamente.  Desde ya, se viajaba en tren. Todavía existía el ramal a Carhué, que en el momento de su creación se llamó Ferrocarril Midland (todos, empezando por mamá, lo llamaban "El Mirlan"). Hace cerca de cuarenta años que no existe, pero yo tengo muy presente el trayecto, ocho horas de traqueteo sobre las vías deterioradas, estación tras estación pespunteando la monotonía de la llanura.  Recuerdo todavía los nombres: Enrique Fynn, Almeyra, Ingeniero Williams, González Risos, San Sebastián, Ingeniero de Madrid, Ortiz de Rosas ... en Ingeniero Williams vivía una hermana de mi tía Nelly, cuyo esposo era jefe de estación allí, y cada vez que pasábamos mamá sacaba el cuerpo por la ventanilla para ver si ella estaba en el andén e intercambiar unos saludos. La mayor parte de las estaciones era simplemente eso: un edificio ferroviario frente a la pampa infinita, a lo sumo un almacén enfrente y cuatro o cinco casas.  La línea no tocaba localidades de importancia como podrían haber sido ser Mercedes, Chivilcoy o 9 de julio; las únicas poblaciones de consideración eran Carhué, Henderson y Dudignac.

Carhué y sus aguas salobres eran un destino favorito de muchos italianos llegados después de la segunda guerra, y era común verlos en viaje, acompañados por sus mujeres vestidas de negro, ellos desafinando canciones napolitanas, ellas tal vez rezando el rosario en silencio.

Las ocho horas de viaje eran un constante aspirar de polvo y semillas de cardo; a veces recibíamos la bendición de un día lluvioso que aplacaba la polvareda, o bien la maldición de la quemazón de malezas que hacía el ferrocarril para despejar las vías, y que dejaban montañas de ceniza y carbonilla que entraban al tren y se posaban sobre la ropa y la piel.

Papá y mamá no coincidían en los objetivos que los llevaban a Henderson. Para mamá, se trataba de visitar a los parientes y conocidos, largas conversaciones acompañando al mate a la tardecita, en los patios de pueblo; para papá, se trataba de ir al campo.  Por algunos años mi tío Guillermo trabajó en una estancia, y toda su familia, es decir mi tía Neca y mis tres primas, vivían con él allí.  Para papá y para mí, visitarlos y quedarnos con ellos era la gloria; en verano, subirnos a la cosechadora en el campo de trigo, ver el cereal cayendo en las bolsas, bajo el toldo de la maquinaria que nos resguardaba del sol impiadoso de enero; recorrer los potreros viendo el ganado, los pájaros, las aves de corral... Luego mi tío se compró una casa en el pueblo, y papá y yo nos sentimos como Adán y Eva expulsados del paraíso luego de probar el fruto prohibido.

Estaba la chacra de tía Olga y tío Ignacio, y allí nos íbamos con papá, acompañados por mi primo Rubén.  Creo que jamás olvidaré esos mediodías, comiendo con la vista al campo verde de maizales, zumbando bajo la luz del sol, mojando la galleta de campo en el jugo de la ensalada de tomates más rica que comí en mi vida; las noches con las estrellas que parecían al alcance de la mano, el atardecer con el silbido melancólico de la perdiz.

Cuando viajábamos solo papá y yo, estirábamos nuestra estadía en el campo todo lo más posible, y dejábamos las visitas a los parientes para las últimas horas del último día.  No es que tuviéramos problema con la parentela, pero el campo era el campo ... Recuerdo incluso que una vez fuimos ese último día a saludar al tío Ramón ... y no estaba en casa.  ¿Cómo se lo decíamos a mamá? Cuando se lo contamos estuvo enfurruñada y con la cara larga por unos días. "¡Qué va a decir Ramón si se entera de que estuvieron en Henderson y no lo fueron a saludar!".

Esos días están llenos de anécdotas que atesoro y que tal vez algún día ponga por escrito. Y como si fuera la segunda expulsión del paraíso, un día el tío Ignacio se fué de Henderson a La Plata para atender su salud, y no mucho después nos dejó para siempre.  Esa pérdida marcó de muchas tristes maneras las vidas de todos los que estábamos cerca de él.

La tía alquiló la chacra, aunque no la casa.  Así que una vez más fuimos con papá para ver si podíamos pasar unos días en el feliz retiro del campo; pero la casa estaba abandonada, invadida de ratas y gorriones, y no se veía habitable.  Estuvimos allí el resto del día, como asimilando el golpe.  En un momento vemos acercarse por la entrada del campo un auto: eran los inquilinos del campo, los Etulain, por cierto viejos conocidos de juventud de mi mamá, que llegaban para ver quiénes eran esas personas que habían entrado en la vivienda.  Nos presentamos y conversamos un rato, nos enviaron saludos para mamá y se fueron. Al atardecer, ya no recuerdo cómo, volvimos al pueblo. Y así, casi sin darme cuenta, se terminó definitivamente una parte feliz de mi infancia.



sábado, 13 de mayo de 2017

Temas para posibles presentaciones.Por supuesto recién estoy empezando a armar un Power Point, pero en cuanto me digas cuál te parece mejor, avanzo con ese.

1) Tres plagas:
1.1) cochinillas Boisduval, Origen, importancia económica, impacto. Cómo identificarlas.Forma de propagación e infestación. El ciclo de vida. Métodos de prevención y cómo  combatirlas: desde los remedios caseros hasta los insecticidas sistémicos. La diferencia entre los distintos tipos de tratamientos químicos. Precauciones de uso. La importancia de un tratamiento consistente y constante. Consejos sanitarios.
1.2) Las cucarachas: cómo atacan a las plantas y sus consecuencias. Cómo controlarlas. Medidas preventivas sanitarias.
1.3) Tijeretas: efecto sobre las plantas, cómo controlarlas y medidas preventivas.

Otro

2) Los géneros Laelia, Cattleya y Sophronitis.
2.1) Algunas generalidades sobre los nombres botánicos de las plantas.Nombre genérico y nombre  Quién clasifica y bajo qué criterios. específico. El origen del nombre de los géneros Cattleya, Laelia y Sophronitis.
2.2) El género Laelia: Laelias brasileñas y centroamericanas. El criterio que se aplicaba para clasificar una especie en el.género Laelia.
2.3) El género Sophronitis: El criterio que se aplicaba para clasificar una especie en el género. Laelias brasileñas transferidas al género Sophronitis.
2.4) El género Cattleya y el criterio que se aplicaba para colocar una especie en el género Cattleya.
2.5) El cambio que implicó el análisis por ADN.
2.6) Laelias brasileñas y sophronitis: su transferencia integral al género Cattleya. Ahora la Laelia tenebrosa es Cattleya tenebrosa, y la Sophronitis cernua como Cattleya cernua.
2.7) Las Cattleyas centroamericanas transferidas al nuevo género Guarianthe y la eliminación del género Cattleya en Centroamérica.
2.8) Especies actuales de los géneros Cattleya, Guarianthe y Laelia.
2.9) Qué pasó con los nombres de los híbridos intergenéricos.

Y otro

3) La fertilización. Presentación de un trabajo de Bill Argo de la Universidad de Michigan, Se cuenta con la aprobación del autor para hacer una presentación.
3.1) Por qué las plantas en cultivo requieren fertilizantes.
3.2) El agua, el fertilizante, el sustrato: interacción y composición química. Qué es un suelo alcalino y qué es un suelo ácido. La diferencia entre agua de lluvia, de pozo y de red de agua potable a partir del agua de río. Cómo el agua de riego y los distintos fertilizantes usados pueden cambiar negativamente la composición del sustrato.
3.3) Macronutrientes y micronutrientes: nitrógeno, fósforo y potasio. Hierro, azufre, calcio. Otros elementos químicos y sus efectos: sodio y boro.
3.4) Cómo calcular la cantidad de nutrientes a partir de la fórmula de fertilizante. Cantidad de macronutrientes mínima para un óptimo crecimiento según el tipo de planta y la época del año. Cómo preparar y aplicar la mezcla.
3.5) Fertilizantes "naturales". Sus ventajas y limitaciones.

miércoles, 22 de marzo de 2017

La maestra, esa segunda madre

Fue en ...¿1966? Yo estaba en tercer grado - en realidad, en segundo, porque en esa época, merced a uno más entre los muchos e inservibles cambios en la educación, había un primer grado inferior, primer grado superior, segundo grado, y así hasta terminar la primaria en sexto grado.

Por aquel entonces papá ya estaba jubilado y nada bien de salud, pero igual trabajaba como sereno en una fábrica; mamá, luego de atender a todas las tareas de la casa durante el día, se quedaba hasta las dos o tres de la mañana con su trabajo de modista, sacrificios adicionales que permitían arrimar unos pesos más a la famélica economía familiar.

Para alguna de las fiestas escolares (supongo que en Octubre, para esa celebración que entonces se llamaba "el Día de la Raza") las maestras prepararon una representación en la que bailaríamos vestidos como collas. En la correspondiente reunión previa, informaron a las madres que tendrían que tejer el típico gorro del altiplano, y así mamá se iba quedando cada noche, durante una semana, una media hora más trabajando en el tejido, que quedó precioso.

El día del acto escolar, cuando estábamos a punto de subir al escenario, se acercó a mí una maestra (la llamaremos la "señorita M", aunque estaba casada) llevando a remolque de la mano a una alumna suya que iba con la cabeza descubierta.

La señorita M se acercó a mí al tiempo que le decía a su alumna "este chico te puede prestar el gorro" y sin pedir permiso siquiera me lo quitó y se lo encasquetó a su protegida.  Mamá vio la maniobra y se dirigió como un misil a la señorita M: "¿Qué está haciendo?". La señorita M, con el gesto despectivo que adoptaba hacia los padres de alumnos pobres de dinero e instrucción, se encrespó y le dijo: "van a subir al escenario en dos grupos, cuando baje esta chica le devuelve el gorro a su hijo".

Minutos después subimos al escenario, todos en un solo grupo como era de prever, con lo que yo era el único entre los veinte del escenario que no tenía su gorro correspondiente. Mamá observó el número folklórico como una olla a presión a punto de estallar, mientras escuchaba a su alrededor comentarios como "Mire, ese nene no tiene el gorrito" - "ah, sí, pobrecito. Y sí, hay padres que no se ocupan... qué cosa".

Terminado el baile mamá abordó a la señorita M con toda la artillería del destructor Bismarck lista para lanzar una andanada destructora. La maestra escuchó la metralla con el habitual gesto despectivo, para al final espetarle un: "Usted, señora, ¡Tiene que aprender a compartir con los que menos tienen!"

Yo no podía saberlo entonces pero allí, ante mis ojos, en la figura de esa maestra de clase media que le sacaba algo a un pobre para dárselo a otro todavía más pobre que la halagaba y seguía a todas partes, estaba naciendo el kirchnerismo.

martes, 7 de febrero de 2017

No hay espinas sin roscas

La historia viene así: José ama la jardinería, y es especialmente aficionado a las rosas. Crea un grupo de Facebook llamado "Amo las rosas". Algunos de sus conocidos se unen al grupo, otros que encuentran el grupo al buscar "rosas" en Facebook también solicitan unirse. Por un tiempo, el grupo funciona maravillosamente; consejos para combatir las plagas de los rosales, fertilizantes, formar de mejorar el suelo. Todos postean las fotos de sus mejores plantas. Alguno comparte un artículo que encontró en internet acerca la historia de las rosas de jardín. El grupo no tiene muchas reglas porque, entre gente razonable, se entiende que un grupo llamado "Amo las rosas" está para hablar sobre las rosas e intercambiar información relacionada con ellas. Un día, un nuevo adherente al que llamaremos "Karlos", solicita unirse al grupo y José, ingenuamente, sin dudar lo acepta. Ni siquiera se le ocurre verificar su perfil, donde podría ver que no hay ni una sola foto de rosas ni nada que lo relacione con el tema. Un día cualquiera Karlos postea en el muro del grupo una consigna, o la invitación a una protesta contra (o a favor) del gobierno del momento. José amablemente le sugiere que no postee más ese tipo de mensajes, porque el objetivo del grupo es otro. Entonces Karlos sube la apuesta, y el tono, y lo acusa a José de esto y de lo otro, y le pregunta si en el grupo sólo se admite gente que piense igual que José, y si le parece bien apoyar a este gobierno antipueblo, (o no apoyar a este gobierno propueblo, para el caso). Pasan los días y algunos miembros del grupo que se unieron hace tiempo y hasta ese momento aparecían extrañamente silenciosos se unen a Karlos en su empeño de convertir al grupo en un reñidero político. Incluso alguno de los miembros originales del grupo se suben a la embestida. Los miembros del grupo que están en él por su interés en las rosas recriminan a Karlos y sus seguidores y les piden que, si están tan interesados en esos temas políticos, pueden crear un grupo especial de Facebook para discutir esos temas. La respuesta, la sabemos: más agravios, insultos, acusaciones, exigencia de respetar las diferencia políticas, etc. En este ambiente contaminado la actividad del grupo va cayendo; los aficionados a las rosas se desvinculan o dejan de seguirlo. Un día, finalmente, el creador del grupo lo da de baja. Victoria final de Karlos y los suyos, que alcanzaron su objetivo: destruir al grupo de aficionados a las rosas para que no haya otros grupos, otros intereses, otros temas, que los grupos, intereses y temas políticos que ellos pretenden imponer. Todo lo demás debe ser destruido, tierra arrasada. Porque la mentalidad fascista, totalitaria, es así: no debe haber nada en una sociedad que no sea seguir ciegamente al jefe (o la jefa). Y para el fascista criollo las rosas son cosa de putos, aunque se declare respetuoso de la diversidad de género. En cambio el facho argentino tiene al fútbol para todos, al Diego, a Marcelo Tinelli y al Papa Francisco.

martes, 19 de julio de 2016

Mi larga despedida de la Iglesia Católica (3): Chismes de Sacristía

Los números dobles del padre Guido

Sería allá por los primeros años de la década del 80. El padre Guido Pesce, a cargo de una Parroquia en algún lugar de Ramos Mejía, o Lomas del Mirador o Villa Insuperable, (no recuerdo bien) organizó una mega rifa para las obras piadosas de su feligresía.  Los premios eran deslumbrantes, el primero un auto 0 km.  Montaron en la plaza de San Justo un kiosco promocional donde se vendía la rifa, y donde se mostraba el auto 0 km en cuestión, para tentar a los transeúntes de modo que hicieran su aporte al benemérito sorteo.  La rifa, como de costumbre, se regía por los X últimos dígitos de los premios de alguna de las loterías oficiales, en una fecha dada.
Hete aquí que, picardía criolla que no abandona ni a los clérigos, el padre y sus administradores parroquiales vendieron unos cuantos números mellizos y hasta trillizos.  Quiso el demonio, que nunca deja en paz a los pobres servidores del Señor, que justamente el número del primer premio fuera uno de los duplicados (o tal vez triplicados, nunca lo supe con certeza).  Por consiguiente, los dos o tres beneficiarios del primer premio se presentaron a cobrar en la Parroquia que encontraron cerrada, con el Padre Guido que no aparecía por ninguna parte, lo que era razonable ya que en esos momentos se encontraba en Asunción del Paraguay, huyendo del frío clima del conurbano.
El buen párroco le dejó el clavo al obispo, que tuvo que hacerse cargo de pagar los premios.  Recuerdo haber pasado por algún asunto por las oficinas del obispado, encontrando en la sala de espera a los damnificados con la cara patibularia que podemos imaginar.
El padre Guido volvió al país, pero como tenía pedido de captura la policía lo pescó.  Eran los felices tiempos de los militares, cuando el juez o la policía, no sé cuál de los dos, llamó al obispo para preguntarle (sí, así fue) que tenían que hacer.  El obispo sintió pena de imaginarse al padre Guido sufriendo vejámenes en la cárcel y pidió por él, por lo que el presbítero quedó libre, aunque naturalmente nunca más mostró el pelo por la que había sido su parroquia, por razones que no necesito explicar.

Las manos mágicas del Padre Larocca.

No recuerdo bien el apellido de mi protagonista, pero creo que era tal como lo escribo.  Debe haber sido allá por 1983 o 1984, primeros años de Monseñor Bufano al frente del obispado de San Justo. El nuevo obispo llegaba con un espíritu amplio y renovador.
Dada la crónica escasez de sacerdotes, Bufano le preguntó a Monseñor Plaza, el arzobispo de La Plata, (personaje sobre el que se han escrito libros enteros), si podía enviarle un sacerdote para trabajar en alguna parroquia de la Diócesis de San Justo. Sin dudarlo un momento, Plaza dijo que le enviaría al Padre Larroca, sacerdote muy comprometido con la causa de los humildes y con los organismos de derechos humanos. Precisamente yo recuerdo por entonces haber leído alguna declaración de una referente de los derechos humanos que hablaba elogiosamente del sacerdote en cuestión.
Monseñor Bufano supuso que Plaza, reconocido por sus recalcitrantes posturas de derecha, quería sacarse de encima a un sacerdote cuyas ideas no eran de su agrado, y por lo tanto lo recibió en San Justo con los brazos abiertos, destinándolo a una parroquia en Gregorio de Laferrere.
No mucho después unos muchachos de la Acción Católica de la parroquia se acercaron a nosotros, los dirigentes diocesanos, para plantearnos un grave asunto.  Parece que en una ocasión, el nuevo cura les contaba sobre el comportamiento de los represores y de cómo palpaban de armas a los detetenidos, ejemplificando la anécdota con un prolijo recorrido por la anatomía de uno de los jóvenes presentes, para estupor de todos, que no sabían que pensar de eso.  Otro de los jóvenes que fueron a exponernos el problema nos dijo directamente que el sacerdote lo había invitado a pasar una noche con él, "me invitó al Country" dijo al pricipio, y al pedírsele más detalles, sonrojado y tartamudeando nos explicó toda la situación.
Les indicamos que lo que correspondía era presentar una queja al obispo, y seguramente lo hicieron porque a la semana el cura en cuestión volvía a La Plata, con un moñito de regalo para Monseñor Plaza. Luego se echó tierra al asunto, que es como se manejan esas cosas en la Iglesia.

Dad posada al peregrino, o el caso del padre Lino.

El padre Lino era un sacerdote italiano bastante joven que se encontraba al frente de una parroquia en alguna parte de Villa Madero o Tapiales, según creo recordar.
Un día me llegó la noticia de el padre había sido apuñalado por un joven.  Luego me llegaron más detalles: parece que un joven con problemas había escapado, o había sido echado de su casa por la familia.  El sacerdote le dio un lugar para dormir en la parroquia, pero un día el joven lo atacó con un cuchillo.  Se hizo bastante ruido y hasta apareció la televisión olisqueando, pero como eran los tiempos en los que un obispo todavía podía hacer levantar un programa de televisión, rápidamente se silenció y se echó tierra a todo el asunto. En una reunión informal con el obispo, en la que yo estaba presente, alguien hizo una mención al caso, y el obispo se limitó a observar: "Esas cosas siempre terminan mal" para luego caer en el silencio más absoluto. La turbia historia me hizo ruido entonces, y me sigue haciendo ruido hoy.  Parece que el padre Lino siguió al frente de la comunidad, pero seguramente retrocedió muchos casilleros en el juego de la Oca de su carrera eclesiástica.

No hay peor sordo que el que no quiere oír

Los tiempos de Alfonsín fueron, por muchas razones, tiempos amargos para los católicos. Recuerdo todavía la polvareda que se armó por la ley de divorcio.
Aunque parezca increíble, la mayor parte de los católicos creía que la ley no se iba a aprobar.  Decían cosas como "Sale en diputados, pero en Senadores la ley está empatada y tiene que desempatar Víctor Martínez que es recontra católico...".
¿Por qué esa negación? Nace del sólo de hablar con, y escuchar a, quienes piensan igual que uno. El Párroco a la salida de misa hablaba con los feligreses, con las monjas de la escuela cercana: "¿Qué me dice de la ley de divorcio? - Un horror, padre, pero nunca va a salir".  Los de la Acción Católica hablábamos del tema en nuestras reuniones, y teníamos más o menos la misma opinión.  El diario católico Esquiú, que se vendía a la salida de misa, contenía notas parecidas. Y ya sabemos cómo terminó la historia.